Desde el 11 de Septiembre del 2008 hasta el 4 de Enero de 2009 se podrá visitar, previo pago, la exposición itinerante que presenta la Tate Britain, Londres, sobre Francis Bacon(1909-1992), en colaboración con el Museo Metropolitano, Nueva York. Además de que viajara próximamente al Museo Nacional del Prado, Madrid.
En la exposición se recogen las obras más representativas del artista, y que son un claro ejemplo de su estilo en cada periodo de su trayectoria. La mayoría de las obras proceden de colecciones privadas ya que en el mercado secundario escasean de tal manera que cada vez que salen a subasta se pagan por ellas cifras extraordinarias.
Hay que reconocer que es en estos últimos años cuando Francis Bacon está teniendo su mayor reconocimiento, quizá es el momento idóneo para sacar antiguas glorias a la calle, ya que hay que destacar que pertenece a la generación de pintores ingleses figurativos de la segunda mitad del Siglo XX, de entre los que destacan Matthew Smith, David Hockney y Lucian Freud, que comparte con Bacon los primeros puestos en ventas y remates.
A través de las diez salas por las que se distribuye la obra de Bacon se puede observar como los comisarios, Chris Stephens y Matthew Gale, las han agrupado siguiendo un orden cronológico que responde a las diversas etapas artísticas de este, y que permite comprobar su línea evolutiva a lo largo de su carrera; además de los factores externos que influyeron en ella. Es clave en su obra la referencia que hace a los acontecimientos coetáneos a ella y el papel fundamental que la fotografía juega en su producción.
Las primeras salas recogen la violencia en su desnudez, el animal que todo hombre esconde y que se libera. Para ello, el color es vívido y los trazos firmes. Con muy poco logra transmitir mucho. Después acota las figuras en espacios geométricos, lo que muestra un juego evidente con el espacio pictórico. Hay que tener en cuenta, que estas obras se realizaron en el periodo posterior a la II Guerra Mundial, lo que le lleva a representar a un hombre sin esperanza, en su esencia más primitiva y cercana al instinto animal, en un abandono físico irracional.
Las salas centrales están dedicadas a los dos temas que ocuparon gran parte de su producción, las serie sobre el “Retrato de Inocencio X” de Velázquez(1650). Y las series dedicadas a la “Crucifixión”.
Aunque se declaraba ateo, le atrae el instinto, la brutalidad y el miedo, mezclado con una profunda fascinación por el ritual del sacrificio.
Sin embargo, por lo que será mas reconocido es por los retratos que realiza a sus amigos y personajes conocidos a partir de los años 60. Sus máximas referencias serán Van Gogh y Velázquez, lo que da lugar a retratos llenos de vida, movimiento y color.
Tampoco se puede olvidar la importancia que tiene la literatura en su obra, sobre todo, la obra de T. S. Elliot. En sus últimos años, destaca por la introducción de nuevas técnicas y materiales en sus obras. Toda esta exposición se respalda con numerosos documentos, tantos fotográficos como escritos, que aclaran en gran medida la complejidad de la obra pictórica que se muestra.
Cuando se ve por primera vez la obra de Bacon y no se sabe nada sobre ella, es comprensible que se sienta una mínima indiferencia e incluso cierta repulsión. No obstante, cuando se profundiza en las circunstancias de la vida de este autor y se mira con detenimiento, es cuando se llega a apreciar cierta sutileza, lo cual merece la pena, en todos los sentidos.
Londres, Diciembre 2008